SOMOS MUCHOS
(IRRESPONSABLES)
Claudio Carmona.
Estudiante de 4º año de Ciencias Políticas · UB
FreshPolitik Magazine · Número 6
Thomas Malthus en 1798, en su sobra Ensayo sobre el principio de la población,alertó de la difícil relación entre crecimiento demográfico y provisión de alimentos. Somos muchos. Malthus en aquel entonces proponía la “contención moral”, es decir, limitar estrictamente el número de relaciones sexuales. Era su receta para corregir la miseria y el hambre. El hambre se antojaba prácticamente inevitable: aumentaba enormemente el número de bocas por alimentar sin aumentar proporcionalmente los medios de sustento disponibles.
Seguimos siendo muchos. Las predicciones de la ONU dicen que a finales del siglo XXI habitarán la Tierra diez mil millones de personas. El malthusianismo, desde hace unos, está recobrando sentido. La superpoblación provoca hambre, pero también castiga severamente el planeta en el que estamos condenados a vivir. Desde los primeros días el hombre ha esclavizado la Tierra a su antojo para poder sobrevivir. Pero la agresión que sufría el planeta no era tan dura como la que sufre después de los distintos estallidos de crecimiento demográfico y los procesos de industrialización.
Ahora, llega el momento de tomar decisiones para evitar que el hombre quede esclavizado por la Tierra. Somos muchos. Giovanni Sartori también ha teorizado sobre esta cuestión en los últimos años (i). Consumimos demasiado, especialmente en el Primer Mundo. El aumento progresivo del consumo de agua potable, la deforestación, la pesca incontrolada y desmedida, la emisión de gases contaminantes, etc., son ejemplos de nuestra irresponsabilidad respecto a las generaciones venideras, pero también son consecuencias de la superpoblación.
Los cánceres, los problemas pulmonares y las enfermedades respiratorias, entre otros, también son ejemplos de la contaminación que sufre el aire que respiramos. No avanzamos. Copenhague tenía que ser la última oportunidad, y volverá a desaprovecharse.
Las noticias de estos días nos hablan de detenciones. E incluso hemos oído hablar de “detenciones preventivas”, concepto novedoso de la policía danesa haciendo uso de una legislación reciente. Pero de medidas urgentes no oímos nada. De decisiones importantes nada. Somos muchos y es difícil ponernos de acuerdo. Estados Unidos, y China... e India, y qué dices de Brasil. ¿Europa está libre de pecado? Pasan los años y las urgencias son cada vez mayores. Hoy ya no es difícil imaginar una Tierra que sea inhabitable para el ser humano.
Pero nos salvarán. Políticos y empresarios bondadosos, que saben qué es lo mejor para la civilización, tomarán decisiones acertadas. Actuarán contra el cambio climático, no hay por qué temer. El capital, el mercado, el capitalista... como le quieran llamar -aquello que tiene que ver con el negocio- y también el político, los políticos, la política (no las políticas)... el mercadeo político centrado en la compra de votos o en la prostitución del debate público, tienen el problema de que no piensan a largo plazo. Sólo existe el presente. Pero nos salvarán. Nos salvarán por que algunos ven oportunidad de negocio con esto del medioambientalismo, del ecologismo o de la sostenibilidad. Poder abrirse a nuevos mercados, poder conectar con un segmento de la población, encontrar su cuota de mercado. Qué bien suena y más cuando tiene su lado generosos, responsable. Pero ambos mundos -el del negocio, y del mercadeo de votos- están presididos por el cinismo. Los mismos que nos han llevado, durante décadas, a esta situación desesperada nos sacarán de la angustia y salvarán el planeta. Cínicos.
Somos muchos y esto hace que sea difícil tener un planeta sano. También dificulta la reducción del hambre y la miseria. Pero el principal obstáculo para sanear al planeta y acabar con el hambre no es la superpoblación, es el tipo de consumo y la distribución de este. Una vez oí a una profesora que dijo: “el problema no es la pobreza, es la distribución de la riqueza”. El boom del consumo ha dejado fuera a gran parte de la población. El consumo mundial ha pasado en 100 años de 1’5 billones de dólares a 24 billones de dólares. Estos 24 billones de dólares son el doble que en 1975. El dato dramático es que en el hogar africano se consume 20 veces menos que en 1975(ii). Consumimos muchísimo más de lo que necesitamos. Y otros consumen menos de lo necesario para sobrevivir.
Somos muchos los irresponsables. Sobretodo irresponsables con las generaciones futuras. Qué herencia. Les dejaremos un mundo lleno de gases perjudiciales para la salud, de ríos intoxicados, de mares sin peces, un mundo desértico y con el nivel del mar aumentando sin cesar. Pero también existe falta de responsabilidad respecto a una gran parte de la población que vive en la miseria.
Propongo un ejercicio para estas fechas de consumo desenfrenado. Pasar con menos y destinar una parte de lo que, en principio, se iba a gastar en regalos absurdos -que son encajonados y que jamás tendrán utilidad- a consumo justo o solidario. En lugar de regalar tres juguetes al niño, se pueden regalar dos y el tercero destinarlo a los que no tienen nada. Se puede emplear una parte del tiempo que perdemos en Facebook colaborando con un banco de alimentos o intentando reciclar nuestra propia basura. Yo había oído muchas veces este tipo de mensajes y jamás los atendí. Ahora lo estoy intentando aplicar, y es posible. Se puede vivir con menos y ser feliz, incluso diría que con menos se puede ser más feliz que con más.
Pero me acabo de dar cuenta que soy malicioso, perverso, casi del calibre de un terrorista (intelectual). Abogar por la reducción del consumo, y más en tiempo de crisis, significa engordar más si cabe las listas del paro. El consumo es igual a trabajo. ¡Estoy mandando al paro a padres (o madres) de familia! Es mejor devorar todo lo que podamos por que eso crea empleo. Es más importante la capacidad de consumir que la capacidad producir. Ya saben, “consumo luego existo”. Cinismo.
i. MAZZOLENI G., y SARTORI, G.: La tierra explota. Superoblación y desarrollo. Editorial Taurus. 2003.
ii. GIDDENS, Anthony: Sociología. pág. 768. Alianza Editorial. 2004. Madrid.